Guía para empezar a hacer las paces con tus emociones en 3 pasos

Desde el momento en el que abrimos los ojos por primera vez, vamos aprendiendo poco a poco a entender nuestro cuerpo, nuestra mente, sus reacciones y cómo éstos se relacionan con el mundo y lo que experimentamos en él. Hemos aprendido que ciertas emociones son “malas”, que sentir rabia es peligroso, que llorar es signo de debilidad, o que la tristeza debe esconderse. Esta forma de relacionarnos con nuestro mundo interno nos aleja de algo esencial: las emociones no son el problema; lo problemático es cómo las evitamos o las juzgamos.

En Papaya Mind creemos que no necesitas arreglarte, sino escucharte con más profundidad. Y para eso, el primer paso es dejar de pelear con lo que sientes.

¿Por qué me cuesta sentir?

Si alguna vez te has sorprendido diciendo “no sé lo que siento”, no eres la única persona que se ha sentido así en algún momento. Nuestro sistema nervioso, para protegernos, a veces desconecta de la sensibilidad de nuestro cuerpo y de nuestras emociones cuando las percibe como demasiado intensas o amenazantes.

La gran mayoría hemos aprendido que, para complacer a las demás personas, debemos ignorar las señales internas que sentimos en el momento y «poner buena cara», incluso cuando todo por dentro nos grita lo contrario.

Hacer las paces con tus emociones no es un proceso inmediato. Es una práctica diaria, en la que empiezas a tratar a lo que sientes no como algo a corregir, sino como algo a comprender.

En última instancia, gran parte de la desconexión emocional que sentimos viene de no ser capaces de entender que nuestras emociones no son un síntoma a eliminar sino la puerta a una mayor comprensión.

Cómo empezar: tres pasos simples

1. Nombra lo que sientes en el cuerpo, sin filtro

El primer paso para hacer las paces con nuestras emociones es sentirlas. No necesitas encontrar la palabra exacta ni justificar nada. Empieza prestando atención a cómo se siente tu cuerpo: “Siento un nudo en el estómago”, “Siento frío”, “Mis brazos se sienten pesados”. Sentir el cuerpo sin juicio y exteriorizar las sensaciones es una forma de acercarte a ti.

2. Observa sin intentar cambiar

Cuando algo duele, el impulso natural es querer que se vaya. Pero ¿y si en lugar de empujar la emoción, te sientas un momento con ella? Puedes poner una mano en el pecho y decirte: “Esto es lo que hay ahora. Está bien.” Las sensaciones que sientes en el momento son señal de que alguna situación en tu vida necesita de tu atención.

3. Habla contigo como lo harías con alguien que amas

La autocrítica solo alimenta el malestar. Intenta decirte frases suaves como:

  • “Me permito sentir estas emociones”
  • “Estas emociones me recuerdan que existo y que soy un ser sintiente”
  • «Sentir estas emociones es una parte natural de la vida»
  • «No hay nada malo en estas emociones ni en mí por sentirlas»
  • «Estas emociones son pasajeras, no durarán toda la vida»

Lo que resistes, persiste Carl Jung

No se trata de sentirte bien todo el tiempo, sino de crear un espacio interno donde todo lo que eres pueda existir sin juicio. Cuando dejas de pelear contigo, hay más energía para vivir, para crear, para amar.

Y si hoy solo puedes hacer una cosa, que sea esto: respira y reconoce que lo que sientes es válido, aunque no lo entiendas del todo aún.

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